viernes, 14 de agosto de 2015

Todas las mañanas que viví

Creo que todavía no lo conté, no. Es de Betty, la de arriba que no grita pero Mirta sí, ella le grita su nombre -lo famosa que la vuelve-, le grita desde la planta baja donde también suelo cruzarme al marido de Betty, él hace su escala obligada porque tiene unos temas de salud y frena ahí, deja su cuerpo en la planta baja, junto a la puerta y sube su grito, un grito con el que llama a las chicas, a Betty y a Mirta, ellas que clavan un five oclock tea, que vienen a ser en este caso los mates balvanerenses, o el café, Mirta prepara zarpado buen café: y esto es lo que creo que todavía no conté de las chicas.
Los recuerdos salen en filita como los pingüinos al agua, el timing, que le dicen, y saltan.
Así que ahora que me acuerdo, lo escribo: hace unos días tuvimos reunión de consorcio, actividad que se repite bastante seguido últimamente, se arma la onda vamos a las reuniones como quien va al club.
Es invierno y en el palier habitual nos murimos del ofri, así que Mirta invita a su casa, el depto de arriba, desde donde -oh sí- ha cantado mi nombre por la ventana, de lo más Julie Andrews.
La cosa es que esta vez estábamos alrededor de la mesa, en asamblea, las chicas, otros vecinos, el administrador y yo, pero mientras nos tomábamos unos minutos para arrancar, Mirta iba y venía de la cocina con lo del cafecito.
Me levanté para darle una mano y vi toda la maniobra de la buena anfitriona: en una olla con agua caliente entibiaba las tacitas, las iba sacando con una pinza -todo pensado, qué capa-, las colocaba en una bandeja y plin servía el café recién hecho.
Y yo regreso de la cocina bandejeando el café de Mirta, la obra de arte de la culinaria vespertina, y estaciono justo en la silla al lado de ¿quién? De Betty.
Betty es un poco ansiosa, me mira de reojo con sus ojitos saltones, simil los ojitos de su chihuahua balvanerense bautizado "Guapo". Ambos te muestran los dientes. Sí, miedo, pero se sobrevive. Más aún, con el cafecito de Mirta, que por más que baje la temperatura, se mantiene tibio ahí en la tacita acondicionada.
Todo feliz. Y Betty comienza a hablarme, seguimos en este entretiempo de reunión de consorcio.
- ¿Cómo está tu gatito, María?
- Bien, muy bien.
[ ah, solemos charlar de mascotas con ella ]
- ¿Y el tuyo?
- Falleció
[ ay qué horror, lo había olvidado ]
- Ay, Betty, tenés razón, disculpame, ya me lo habías dicho...
- Está bien, no hay problema, estaba muy viejita pobre gata.
Me mando a silencio. Betty contraataca:
- ¿Te mostré el nuevo habitante de casa?
- No
- Aaaah, no sabés qué hermoso. Esperá..
[ saca el celular y empieza a buscar alguna foto, algún video. Es un video, estoy por ver un video en el celu de Betty..]
- ¿Conocés?
- Nop, ¿es un ave como del litoral?
- Siii, es un Agapornis!
Yo soy una ignorante zoológica, parece, sólo pienso en la banda de pistas de baile que hacen largos covers con su nombre de pájaro amazónico. Nunca he visto uno en vivo, bueno, o por videito, digamos, un Agapornis viviente.
Momento estremecedor en la casa de Mirta, la cuenta regresiva a la charla sobre expensas, con una mano en el asa hirviendo de la tacita de café, y otra sosteniendo el celular con el Agapornis: mi nuevo vecino.
- ¿Cómo se llama? - le pregunto a Betty, por decir algo.
- .................... ... - ella me contesta y yo he olvidado el nombre.
Bueno, me acabo de dar cuenta de algo: siempre charlamos de mascotas con Betty. Y pareciera que se me da por olvidarme algún dato fundamental.
No hay caso, Betty, lo nuestro es así.
*Bienvenido Agapornis a la casa de Guapo.



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