miércoles, 24 de junio de 2015

El pibe la rompe

*esta es una anécdota chiquita.
Hace unos años laburaba en una redacción en Palermo. Los sábados a la hora del mediodía -a veces- salíamos en excursión a procurarnos el almuerzo. La excursión implicaba caminar un pasaje bien angosto y empedrado.
El pasaje, con yuyos creciendo entre los adoquines, contaba con un plus para mí: alguien me había señalado la casa de Mollo y la Oreiro. No sé bien qué quiere decir eso ("bueno, los grandes músicos también tienen una vida, viste"), pero para mí era un dato a tener.
Un sábado de sol, iba silbando bajito hacia el almuerzo y veo que el portón está abierto. Chan. Bajo la velocidad, entre chusma, nervios, agazapada y pésima paparazzi.
Ahí estaba Ricardo Mollo. Subido a una escalera, con una caja de herramientas en el piso, ajustando, engrasando tuercas y andá a saber qué del portón de su casa.
Mollo quilmesrock, Mollo teatrodeflores, Mollo lunapark, Mollo cassettes, Mollo discoscompactos, Mollo sumo, Mollo canalencuentro, Mollo buenosairesvivoenlacostanerasur. Todos mis Mollos subidos a una pinche escalerita de patio, un sábado cualquiera, arreglando un portón.
Miré a ese único Mollo, lo observé poco, la verdad. Me dio pudor. Pero hice todo lo posible para mirar. Despacio, lentísima, pasé por la veredita de enfrente mirando, holamolloterreconocícapo; el tipo me miró lo que dura un chasquido de dedos. Muda escena en slowmotion (en slowmollo), grabada para siempre en la galería de los contactos visuales.
Por suerte, entre los seres humanos contamos con eso: te miran, mirás, por reflejo, por defensa, por curiosidad, por cortesía, pero miramos. Después decidís, después pensás, después olvidás o archivas en la galería de los contactos visuales, pero hay un mirar y miraste.
Mollo miró. Yo miré. Ping, pong y nada absolutamente nada más. El sábado siguió como narra la costumbre de aquella época, almuerzo, corregir notas, charlar con los compañeros del diario, incluso comentar este encuentro con Mollo.
Y Mollo, ahí desde el fondo de todas mis anécdotas, titila con un anécdota así de chiquita. La aplanadora del rock de las anécdotas, chiquita, sencilla y furiosa.
- Gracias, muchas gracias ♪


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