miércoles, 11 de febrero de 2015

This is your song

Hola, mi vecindario.
Hace unos minutos llegó Mirta, que grita por el hueco de la escalera y ahorra en timbres.
- Bettiiiiiiii.
Betty no responde.
- Bettiiiiii.
Entonces, Mirta en ese partido donde ansiedad mata ahorro, sube un piso más y hace todo junto (no lo veo, pero calculo que delante de la puerta sí debe haber tocado el timbre. Betty tiene un perro que ladra del otro lado).Y la escucho, de todos modos, que grita como si no hubiera subido. Su indiscutido estilo.
- ¡Soy yo! ¿Vamos a tomar mate?
El estilo de Mirta arriesga un poco más: tira la oferta y se va alejando por el pasillo onda síganme los buenos, porque el diálogo no se traslada hacia el interior de la casa de Betty, sino hacia el interior del pasillo tan acustizado que tenemos.
Hasta que silencio. Silencio.
Minutos después, como indica la norma de oro de la comedia, llega al edificio, sí, sí, señores: el marido de Betty. Un señor alto, redondo, de ojos con muchos pliegues y sonriente. Siempre me lo cruzo porque suele tomar aire en la planta baja para subir a su piso; mientras abro la puerta le pregunto cómo anda (y cómo anda es 'su salud') y él sonríe ahorrando sorbos de aire y exhala un único y breve vocablo: bien. Es-como-dramático pero ya me acostumbré porque también lo he visto subir las escaleras o pasar en su auto; acciones que me dan alivio, confianza en su capacidad de movimiento.
Bueno, la cosa es que el marido de Betty, el hombre de las pausas, sube hasta el primer rellano y le grita a las chicas (que parece que ya están en la casa de Mirta, tomando el mate de las five o'clock). Resulta ser que Marido también ahorra en timbres ahora y la ansiedad hace que el grito llegue antes que sus piernas. Y dice, como gritando a la nada que en este caso es, claramente, lo todo:
- ¿A qué horaaaa estáaaa la comidaaaa?
En tono casi galán y burlón.
¿Y quién contesta?? Mirta contesta, obvio que Mirta contesta y mi edificio es una opereta de gente que canta de un piso a otro en asuntos domésticos e interrogantes culinarios. El hueco de la escalera es la garganta del diablo.
Pero Betty no, a Betty no se la oye.
Es así como he comprendido que Mirta no está sola. Que Mirta hace eso que hace Marido, entre ellos dos se entienden, empalman estilos. Y, sobre todas las cosas: entre ellos dos le cantan a Betty.
*aguante todo, Balvanera*





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