domingo, 1 de febrero de 2015

Fan pípol

Ha sido una semana larga. Entrar, salir, salir. En los últimos diez días, me crucé a una sola vecina -que me llamó desde la vereda de enfrente para decirme algo-. Pongamos: mi ajetreo + el aire vacacional del vecindario, si el lenguaje me lo permite, digo: ninguno estamos demasiado en el edificio estos días. Sí, el lenguaje lo puede.
Y el remate viene a ser este: hoy (¡todas juntas!) llegaron tres señales de vida en marte: hace un rato sonaba en el pasillo un tema de Chayanne al palo (un Chayanne joven, de esos temas que sonaban allá atrás y a lo lejos. Ni sé cómo se llama, pero sé que es. Es increíble el mercado. Y es increíble, pero me dio alivio saber que ahí, del otro lado de la puerta, había una persona dándose el gusto de subir todo el volumen, y qué importa Chayanne). 
La otra señal del pasillo: una vecina me manda un mail poniéndome al tanto de un enredo entre vecinos, desajustes del 2014 que nunca volvieron a su lugar, no hay primero de enero que frene al consorcio.
La tercera señal de vida del pasillo es la misma vecina, minutos después, con otro mail. Creo que ella ignora mi relación con la escritura, o al menos eso pensé hasta ahora. El punto es que, exagerando en precisión, ha vuelto a escribir para corregir ortografías del mail anterior y firma "je, je".
Bueno, está bien. Hola, volví. Mi vecindario sigue acá, más o menos como lo dejé.
Salú.



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