viernes, 24 de octubre de 2014

#Hilos

Hola. Me zarpo en caracteres y comparto un fragmento de una escena así: Teseo adentro del laberinto enfrentado al Minotauro, según Julio Cortázar. La obra es un libro que se llama 'Los reyes'.

*****
En la curvada galería, Teseo enfrenta al Minotauro. Se
ve el extremo del hilo a los pies del héroe que empuña
la espada.
TESEO
Preguntas vanamente. No sé nada de ti: eso da fuerza a mi mano.
MINOTAURO
¿Cómo podrías golpear? Sin saber a quién, a qué.
TESEO
Si esperara a oír, acaso no pudiera matarte luego. He visto jueces que humillaban la
cabeza al condenar. Uno notaba que sobre el reo se cernía en ese instante como una
grandeza, una inmensidad sin nombre. Pero yo te miro de frente porque no te juzgo. No te
mato a ti sino a tus actos, al eco de tus actos, su resonar lejano en las costas griegas. Se
habla ya tanto de ti que eres como una vasta nube de palabras, un juego de espejos, una
reiteración de fábula inasible. Tal es al menos el lenguaje de mis retóricos.
MINOTAURO
Parece que miraras a través de mí. No me ves con tus ojos, no es con los ojos que se
enfrenta a los mitos. Ni siquiera tu espada me está justamente destinada. Deberías golpear
con una fórmula, un ensalmo: con otra fábula.
TESEO
Todavía somos iguales. Aquí no llega el rumorear de los puertos. Seré yo quien
retorne, arrollando el hilo sutil, para aventar con mi nombre el montón de ceniza en que se
habrá calcinado el tuyo.
MINOTAURO
¡Un hilo! Entonces puedes salir de aquí.
TESEO
Con mi espada roja.
MINOTAURO
Entonces el que mate al otro puede salir de aquí.
TESEO
Ya lo ves.
MINOTAURO
Habrá tanto sol en los patios del palacio. Aquí el sol parece plegarse a la forma de
mi encierro, volverse sinuoso y furtivo. ¡Y el agua! Extraño tanto al agua, era la única que
aceptaba el beso de mi belfo. Se llevaba mis sueños como una mano tibia. Mira qué seco es
esto, qué blanco y duro, qué cantar de estatua. El hilo está a tus pies como un primer
arroyo, una viborilla de agua que señala hacia el mar.
TESEO
Ariana es el mar.
MINOTAURO
¿Ariana es el mar?
TESEO
Me dio este hilo, para recobrarme cuando te haya matado.
MINOTAURO
¡Ariana!
TESEO
Después de todo es de tu sangre. Después de todo es al toro a quien mato en ti. Si
pudiera salvar el resto, tu cuerpo todavía adolescente.
MINOTAURO
Para qué. Ariana mezcló sus dedos con los tuyos para darte el hilo. Ya ves, el hilo
de agua se seca como todos. Ahora veo un mar sin agua, una ola verde y curva enteramente
vacía de agua. Ahora veo solamente el laberinto, otra vez solamente el laberinto.
TESEO
Ocurre que tienes miedo de morir. Créeme, no duele mucho. Yo podría herirte de un
modo— Pero te acabaré prontamente, siempre que no luches y bajes la cabeza.
MINOTAURO
Siempre que no luche. Oh vanidoso cachorro, qué cerca estás tú mismo de la
muerte. ¿No sospechas que me bastaría una cornada para hacer de tu filo un estrépito de
bronce roto? Tu cintura es un junco entre mis dedos, tu cuello la vaina delicada de la alubia.
Ahora el odio rojo monta por mi frente, sé que debería matarte, seguir la senda que el hilo
me propone, alzarme hasta las puertas como un sol de espuma negra... ¿Para qué?
TESEO
Si eres tan fuerte, pruébalo.
MINOTAURO
¿Para quién? Salir a la otra cárcel, ya definitiva, ya poblada horriblemente con su
rostro y su peplo. Aquí era especie e individuo, cesaba mi monstruosa discrepancia. Sólo
vuelvo a la doble condición animal cuando me miras. A solas soy un ser de armonioso
trazado; si me decidiera a negarte mi muerte, libraríamos una extraña batalla, tú contra el
monstruo, yo mirándote combatir con una imagen que no reconozco mía.
TESEO
No sé lo que dices. ¿Por qué no luchas?,
MINOTAURO
Ya ves, me cuesta decidir. Si en el extremo del hilo se cerrara la mano de Piritoo, de
cualquiera de tus camaradas, ya estarías mezclándote con ese polvo que pisas. Pero dijiste:
"Ariana es el mar."
TESEO
Un modo de decir. Y luego que nada tiene ella que ver con nuestra lucha. No es
culpa suya si eres cobarde.
MINOTAURO
Si te ofrezco el cuello, ¿seré cobarde?
TESEO
No, Minotauro. Algo me dice que podrías combatir y no quieres. Te prometo herir
bien, como se hiere a los amigos.
MINOTAURO
No hay malicia en tus ojos, joven rey. Tan claros que la realidad pasa por ellos y no
deja más que apariencias, su arena en el cedazo. Aún no me has domeñado. Y no sabes que
muerto seré distinto. Pesaré, Teseo, como una inmensa estatua. Cuernos de mármol se
afilarán un día contra tu pecho.
TESEO
Deja de hablar y decídete.
MINOTAURO
Muerto seré más yo — ¡Oh decisión, necesidad última! Pero tú te disminuirás, al
conocerme serás menos, te irás cayendo en ti mismo como se van desmoronando los
acantilados y los muertos.
TESEO
Al menos estarás callado.
MINOTAURO
Sí, para dejarte oír. Te quedarás aquí, solo en los muros, y allá adentro el mar.
TESEO
¡Cuánto arguyes!
MINOTAURO
Espera el día en que la tierra de los hombres guarde mi argumento en el secreto río
de la sangre. No me has oído aún. Mátame antes.
TESEO
Ahora me urges, como si tramaras un ardid.
MINOTAURO
Estoy decidido. Desde un repentino separarse de aguas en lo hondo, la libertad final
se adelanta en el filo que nace de tu puño. Qué sabes, tu de muerte, dador de la vida
profunda. Mira, sólo hay un medio para matar los monstruos; aceptarlos.
TESEO
Sí, y que ellos te corneen el trono.
MINOTAURO
Es que no tendrían cuernos.
TESEO
O borren tus hazañas con el peso de su horrible imagen.
MINOTAURO
Andarían inadvertidos, como los gallos espantosos o los halcones de pesadilla. ¿No
comprendes que te estoy pidiendo que me mates, que te estoy pidiendo la vida?
TESEO
Vine a eso. A matarte y callar. Sólo mientras Ariana esté en peligro. Apenas la alce
a mi nave, todo yo seré voz gritando tu muerte, para que el aire caiga como una plaga en la
cara de Minos.
MINOTAURO
Iré delante de ti, trepado en el viento.
TESEO
No serás más que un recuerdo que morirá con el caer del primer sol.
MINOTAURO
Llegaré a Ariana antes que tú. Estaré entre ella y tu deseo. Alzado como una luna
roja iré en la proa de tu nave. Te aclamarán los hombres del puerto. Yo bajaré a habitar los
sueños de sus noches, de sus hijos, del tiempo inevitable de la estirpe. Desde allí cornearé
tu trono, el cetro inseguro de tu raza... Desde mi libertad final y ubicua, mi laberinto
diminuto y terrible en cada corazón de hombre.
TESEO
Haré que arrastren tu cadáver por las calles, para que el pueblo abomine de tu
imagen.
MINOTAURO
Cuando el último hueso se haya separado de la carne, y esté mi figura vuelta olvido,
naceré de verdad en mi reino incontable. Allí habitaré por siempre, como un hermano
ausente y magnífico. ¡Oh residencia diáfana del aire! ¡Mar de los cantos, árbol de
murmullo!
TESEO
Así. Deja quieta la cabeza y todo será bien simple.
MINOTAURO
Ariana, en tu profundidad inviolada iré surgiendo como un delfín azulísimo. Como
la ráfaga libre que soñabas vanamente. ¡Yo soy tu esperanza! ¡Tu volverás a mí porque
estaré instaurado, incitante y urgido, en tu desconcertada doncellez de sueño!
TESEO
¡Inclínate más!
MINOTAURO
¡Ah, qué torpemente heriste!
TESEO
Te desangrarás con suavidad y sin sentirlo.
MINOTAURO
Mi sangre sabe a adelfas, se me va entre los dedos llena de pequeños soles
movientes.
TESEO
¡Calla! ¡Muere al menos callado! ¡Estoy harto de palabras, perras sedientas! ¡Los
héroes odian las palabras!
MINOTAURO
Salvo las del canto de alabanza—.

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