martes, 9 de septiembre de 2014

Infinit Juana

Un día me pasó de coincidir con Juana Molina en el backstage de un festival de música en el que ella iba a tocar. Por unos segundos, nos quedamos las dos frente a un tablón donde habían quedado unos vasos de agua y restos de un catering primaveral. Hacía horas que estábamos en el mismo patio colonial. Pero en ese momento, por un segundo, como en las películas cuando alguien está al borde de la muerte (y disculpen el dramatismo, no soy yo, es culpa del cine), me pasaron por la cabeza a mil por hora y en fila todas las temporadas de Juana y sus hermanas; todo Juana y sus hermanas y todo María del pasado estallando de risa al imitar el multichifle de esas Juanas y personajes aledaños. Realmente, una locura de locuras, pero qué le vamos a hacer. La cosa es que estábamos ahí, una tarde cualquiera, tan lejos de aquella (mi) serie favorita y en un impulso salvador, me comuniqué: la miré y le hice un espontáneo chiste, algún juego de palabras en relación al patio, a los vasitos de agua, al tablón. Juana se rió, nos reímos, y se fue. Opiné hacia mis adentros que le había devuelto, personalmente, un ápice de los años de humor frente a la tele. Y fin.
Esa misma tarde se me olvidó absolutamente lo que le había dicho. Contenido de mi chiste: not found. De hecho, se volvió una anécdota (favorita) con ese espacio en blanco. Sólo llego a contar lo de antes y lo de después. Y es como si no importara más, así sucedió, como el perfil bajo de Juana, en sotto voce a pesar del patio vacío. Y se fue a cantar. Y me fui a seguir con mi tarde.
De tanto en tanto me acuerdo de sus canciones y en eso que nunca dejó de hacer: humor, al optar por la música, al peinarse, al cantar como lo hace. Ella con sus loops y su guitarra y sus frases. Su as en la manga con el que mete en una canción a todas sus hermanas. Le mando un abrazo a su: ♪ day one day one day one..♫ 





https://www.youtube.com/watch?v=NsMYnERBR8Y

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