domingo, 14 de septiembre de 2014

*Bigger Bang

Una noche de lluvia -en el 2006, en pleno verano- vi a Mick Jagger ponerse al menos tres o cuatro equipos de lluvia distintos en sólo un rato. Nunca había visto tanta coquetería comprimida en el tiempo, o en el clima, digamos.
Yo estaba en la platea alta de River. Anochecía, habían pasado Los Piojos, ¡Los Piojos! Chac tu chac y demases bajo la llovizna, y decenas de miles de personas esperábamos, calentitos los panchos, a la banda ésa que se llama ni más ni menos que como un tema de Bob Dylan.
Y salieron: el flaco, el pirata, el peluca y el bata, único lord con un paraguas negro que protegía su pelo blanco.
Como eran los Rolling Stones en el no-sé-qué-número de recital de su vida, en todo caso, la lluvia estaba ahí para aprender de ellos. Así era el arreglo. El agua por momentos frenaba, por momentos, tormentaba. El flaco Jagger entraba y salía a la cancha, mudando su vestimenta maravillosamente: saco y sombrero de lluvia rojos; saco y sombrero verdes; saco y sombrero azules. Un amor. Nunca había visto tanta coquetería. Tanto rock, con tanta pólvora y tanto gourmetismo.
El escenario tenía un pasillo que llegaba hasta el centro del campo del estadio. Me acuerdo que el agua no paraba de caer, yo me tapaba con la capucha de mi buzo y pensaba en Jagger, en su vestuario a prueba de gotas, en la altura con la que iba y venía por ese pasillo, con su modelaje supersport. Cantando como lo hace desde la historia de la historia del rock, un capo de la coquetería. Y un recital, por lejos, de los más zarpados que vi en mi vida.
Un besito a los Stones, que hicieron rock prendiendo fuego al agua






https://www.youtube.com/watch?v=sXsSHkWNr1c

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