miércoles, 30 de abril de 2014

Créase

Anoche tomé un taxi. 
A mitad del viaje ya, el chofer me dice: "Disculpa, ¿te puedo hacer un comentario?" 
-Sí
-Mirá, soy cristiano. ¿Vos creés en Dios? 
-No, pero decime 
-Te aclaro, no soy evangelista. Creo en Dios, creo en la fe...
-Bueno, yo creo en creer, podemos decirle fe. 
Se ríe y me mira por el retrovisor. Y prosigue: 
-Estoy hace tiempo en un grupo donde leemos la Biblia. Sólo eso, leer pasajes, hay cosas que te dejan con la boca abierta, increíbles, ¡y ya estaban escritas hace tanto tiempo!
-...aah, yo creo que está bueno volver a los textos en la literatura, y en la religión también, eh... (me río y lo miro por el retrovisor, nos reímos). Mirá, por algo la Biblia tiene tantos años... digamos que es un clásico, ¿no?
Ahí se envalentona y en un semáforo rojo me recita de memoria un pedazo de Jeremías. Gran momento de noche en el taxi, con unas palabras de Tritón calmando mares.
-Qué tremendo, le digo, son terribles, eh..
-Sí, puede ser... Leerlo es buenísimo, me aclara.
-Seguro, más allá de si creemos o no en Dios, son textos llenos de historias y personajes y asuntos de la humanidad, ¿no? Hasta ahí, 'tamos re de acuerdo, che. Después está si te da ganas o no de leerlo o tomarlo.
-El tipo te lo pone re claro, a mí encantan esos textos.
(..."el tipo" venía a ser Dios o Jeremías o la voz de mi Tritón imaginario, pienso). Y sigue, se tenía mucha fe:
- La cosa es acá en la tierra, y Dios avala todo lo que pasa, lo decide, y después está que cada uno haga el esfuerzo por mejorar, por no odiar tanto al prójimo, ¿viste? Para eso yo agarro por la Biblia. Hoy una pasajera me pasó un dial de la radio donde sólo leen pasajes de la Biblia y pasan música, puedo laburar acá arriba y voy escuchando como si leyera.
Esa radio, ahí la registré, había estado sonando de fondo todo el rato. Muy pocas cuadras después me bajé. Pensé en la suerte que tuvo con la pasajera anterior. Pero también, en nuestra breve charla literaria. Gente de fe. Para escribir, para hacer literatura hay que creer y para leerla también. Creer en Tritón, en Jeremías, en la voz que nos esté contando, en la historia que sea. Creer en el autor y en el lector, creer en esa cosa que se arma. Aguante todo.

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